En estos dias de solaz placiego, en los que el sol cae a plomo y lo que menos te apetece es sudar, surje un conflicto en el ámbito de la voluntad. ¿Entrenar o no entrenar?, esa es la cuestión. Cual Shakespeare cualquiera con shinai en mano, meditamos el asunto.
¿Cual es la respuesta correcta?, buena pregunta. En mi modesta opinión, creo que ambas. Si el cuerpo te pide entrenar, es que estas en forma y eres un yonqui de las endorfinas. Quieres más y ¿quien eres tú para negartelo?. En cambio, si no te apetece entrenar, tampoco es un delito. El descanso viene bien para la sobrecompensación y volver más fuerte a la nueva temporada. El período de abstinencia aumenta tus ganas de entrenar y la sensación de volver es más gratificante.
Ahora, si prolongáis demasiado el descanso es inútil. La sobrecompensación se convierte en bajada de forma y el período de abstinencia se transforma en desgana. A mal punto hemos llegado. Por eso es importante hacer un trabajo mental, por ejemplo, repasar conceptos y bases.
Cuando os coma la desidia, no tengáis nada que hacer, o simplemente cuando os apetezca, repasar vuestro Kendo. ¿Mi kamae es bueno?, ¿en que puedo mejorarlo?, y mi men... ¿que le falta?, ¿tirar menos de derecha y más de izquierda?, ¿y mi kote?, ¿y mi do?, etc...
Poneos en chudan, cerrar los ojos e imaginar el ataque perfecto, kikentai perfecto y zanshin infinito. Imaginarlo despacio, sin precipitación, e intentar sentir cada uno de los movimientos, hacerlos vuestros. No lo hagáis una sola vez, hacerlo durante un tiempo y disfrutarlo.
Cuando no seais capaces de visualizarlo claramente, hacer otra cosa, comer, siestear, daros un chapuzón, tomaros un helado... y cuando estéis otra vez inspirados, volved a colocaros en kamae y... disfrutar de vuestro Kendo.
Estas cosas se utilizan en muchas disciplinas, y otros campos de la vida y casi siempre con buenos resultados. La mente es capaz de condicionar nuestro cuerpo a realizar cosas que no sabíamos que eramos capaces de hacer.
Como dicen en el anuncio de "una famosa bebida isotónica": -El mundo está loco. No. El hombre, es extraordinario.
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domingo, 3 de agosto de 2008
lunes, 21 de julio de 2008
Os cuento...
Ahora lo suyo es, que os cuente algo de mi, ¿no?. Pues allá va:
No me voy a presentar. Me conoceréis por lo que os vaya contando aqui, sino, os cansais demasiado pronto y no volveis a visitarme y... me encantan las visitas. Eso si, tipo hobbit, agradables y cortitas.
Os empezaré a contar como entré en esto del Kendo.
En enero de 2006 cogí mi primer shinai. He de decir que empecé antes en Iaido, pero miraba con envidia a los alegres y sudorosos muchachotes del Kendo, que salian hechos polvo y congestionados de aquel tatami del Tora. Yo venia del Judo, y otra cosa no, pero sudar, sudabas un rato. Pensé (equivocadamente) que mis momentos de agotamiento habian accabado, pero las posibilidades que me ofrecia el Kendo, me llenaban mucho más que las de Iaido (por ahora).
Asi que, decidí probar. Y me gustó. Los primeros momentos en cualquier arte marcial son frustantes, no te sale nada, te ves como un pato mareado. Pero ya habia vivido esto antes, y decidi perseverar porque sabia que lo bueno estaba por venir. Y asi fue. Poco a poco, con pequeñas metas, fui alcanzando pequeños logros, y cada dia me iba mas contento a casa. Algunos dias eran más frustantes, pero intentaba sacar partido de mis fallos, sobre todo darme cuenta de ellos que ya es un logro.
Asi, con el paso del tiempo, llegué en enero de este año a Barcelona a hacer el examen de primer dan y... aprobé. Otra pequeña meta conseguida. Sé que me quedan muchas, pero me alegra y me ilusiona porque con cada una alcanzada, la disfruto.
Lo que importa del viaje, no es disfrutar el destino, sino el camino. ¡Hala!, a seguir caminando.
No me voy a presentar. Me conoceréis por lo que os vaya contando aqui, sino, os cansais demasiado pronto y no volveis a visitarme y... me encantan las visitas. Eso si, tipo hobbit, agradables y cortitas.
Os empezaré a contar como entré en esto del Kendo.
En enero de 2006 cogí mi primer shinai. He de decir que empecé antes en Iaido, pero miraba con envidia a los alegres y sudorosos muchachotes del Kendo, que salian hechos polvo y congestionados de aquel tatami del Tora. Yo venia del Judo, y otra cosa no, pero sudar, sudabas un rato. Pensé (equivocadamente) que mis momentos de agotamiento habian accabado, pero las posibilidades que me ofrecia el Kendo, me llenaban mucho más que las de Iaido (por ahora).
Asi que, decidí probar. Y me gustó. Los primeros momentos en cualquier arte marcial son frustantes, no te sale nada, te ves como un pato mareado. Pero ya habia vivido esto antes, y decidi perseverar porque sabia que lo bueno estaba por venir. Y asi fue. Poco a poco, con pequeñas metas, fui alcanzando pequeños logros, y cada dia me iba mas contento a casa. Algunos dias eran más frustantes, pero intentaba sacar partido de mis fallos, sobre todo darme cuenta de ellos que ya es un logro.
Asi, con el paso del tiempo, llegué en enero de este año a Barcelona a hacer el examen de primer dan y... aprobé. Otra pequeña meta conseguida. Sé que me quedan muchas, pero me alegra y me ilusiona porque con cada una alcanzada, la disfruto.
Lo que importa del viaje, no es disfrutar el destino, sino el camino. ¡Hala!, a seguir caminando.
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